viernes, 10 de marzo de 2017

Qué estúpido momento nos envuelve

Sospecha dialógica, energía renovada en el absurdo de intentar apurar una taza de café que se sabe seca y vacía, fría por si faltase un adjetivo, y alejada de todas las mañanas conocidas. El cálido amargor al respirar por la garganta y tragar saliva, el frescor vegetal de una tibiedad robada de las calles empedradas de un pueblo que no merece la pena conocer, nada que decir ni ganas de contarlo. Ciudad, en definitiva, sumida en la luz aún no tan cálida de un marzo que se presume verano y atiende primavera al asfalto.

Las aves de todo plumaje y los diversos vientos, aunque arrastrasen el humo de cigarrillos maleducados por todo el espacio vital de la terraza de los bares, eran ya una institución que proclamaba con seriedad el fin de un invierno que se había esmerado en el trabajo que le exigía el calendario. Hoy, siendo foco de desprecio de jóvenes vanos, clónicos en motor y envoltura, se permitía el lujo impropio de negar con pocas palabras y mucha seriedad las intenciones de una visita hipotética que, en realidad, no deseaba demasiado. Podría parecer una obviedad, pero había poco en lo súbito y lo prolongado que realmente ofreciese una motivación. No desde aquel momento, no desde aquella hora. Las interrogaciones se habían quedado ocultas en un cajón tras muchos meses y no tenían posibilidad de ser formuladas, pero eso tampoco significaba demasiado.

Al fin y al cabo, deseaba respirar en paz, saberse solo en la muchedumbre y obviar por completo los tránsitos sin rostro ni nombre de una mañana agradable. Sólo sentía inclinación por caminar de un modo que hasta ahora le había pasado inadvertido; desorientación, encontrarse con que estaba perdido, sin más brújula que la dirección de las flechas desgastadas del asfalto y la luz de un sol que se resistía a ser dorado. Pluma, hecha teclado, en piloto automático, y sirenas impertinentes, perdón por el pobre desgraciado que se encontrase dentro. Parecía que había prisa. Que tengas suerte.


Sin darse cuenta siquiera de cómo había empezado a poner una letra detrás de otra se topó con el amarillo de nuevo, amarillo desconcertantemente agradable, luminiscencia primaveral con un olor que nunca era capaz de recordar del todo. Ah, agarra el mástil y rasguea con potencia, siete mil vueltas de hilo de cobre respondían con afilada gravedad a seis vibraciones paralelas en la distancia de la carretera de un sonido que deseaba propulsar hacia adelante. Con el amarillo, hacia el amarillo. Gran color, maldita sea; no eran días para vestir de rojo.

sábado, 25 de febrero de 2017

Pizza con piña

-Pizza con piña, ¿por qué pizza con piña?
-¿Pero qué problema tienes con la piña, vamos a ver?
-Porque la pizza está bien ella sola, no hace falta ponerle… cosas, así a lo loco.
-Pues nada, tú me dejas a mí la piña que me la como yo.
-Venga, va…

-“Piña”. ¿No es como rarísimo? “Piña”. Está ahí, llena de pinchos y… con esas hojas ahí arriba. ¿Qué les pasa a las piñas?
-Seguro que son posmodernas, TODO es posmoderno, Mateo, TODO.
-Putas piñas posmodernas. Seguro que Nietzsche dijo algo de las piñas y todo el mundo lo interpretó como les salió del papo. Ay, ¿cómo se llamaba… el tipo de… La insoportable levedad del ser?
-Milan Kundera, ¡ese tipo sí que es un posmoderno! Pero MUCHO.
-No sé a santo de qué lo he preguntado, la verdad… pero bueno.

-Me gustan estos silencios. Es como si… dejasen atrás un tema para dar paso a otro. Da como distancia.
-Distaaaancia… eso está bien. Hace falta.
-Además puedo pensar en… cosas, no sé. Por ejemplo, me encanta lo naranja que es todo aquí, sobre todo por la comida y la madera y tal. Me relaja.
-Es como todo muy cálido y muy lindo…
-Y me distrae de pensar en piñas.
-¡Pero qué-te pasa-con las piñas!
-¡Pero no me ataques, pava! No sé, que… la pizza con piña es como el arroz con cosas.
-No digamos cosas de las que luego nos arrepintamos, ¿eh? Ahí te has pasado.
-Vale, sí, me he pasao un poco. Pero… ¿por qué piña? ¿En serio?
-Pues porque

martes, 21 de febrero de 2017

Pasos perdidos

-¿Sabes una cosa?

-¿Qué?

Dejó la taza de café sobre la mesa con un vago gesto de cansancio, apenas perceptible.

-Creo que he olvidado cómo perderme.

La sorpresa apareció en dos trazos fina y curva sobre los rasgos apacibles del rostro de ella. Dio un sorbo de café a su vez y respondió con la calma de quien esperaría una pregunta así como una pregunta cualquiera.

-¿A qué te refieres?

-Pues a que todo en esta ciudad me sabe igual cuando me dejo llevar. Ya no me encuentro con calles que no hubiese pisado antes una y otra vez, ya… no me llevo sorpresas –alzó el café hacia los labios y bebió mientras inspiraba por la nariz-. No sé si me explico –suspiró.

-Creo que… a pesar de que lo haces inconscientemente, sigues yendo por los mismos sitios aunque quieras variar. A lo mejor es como si los hubieses dado por perdidos, o poco interesantes. Quizás, simplemente, no querías salirte mucho de la zona de confort.

Bufó.

-Hace mucho que no me muevo de mi zona de confort, pero es que no lo intento.

-¿Entonces? –rió ella, no con sorna exactamente, pero…

-Bueno, igual no es algo que decida yo. No sé si quieres entenderme.

-Sí, sí, perdona. Entiendo lo que dices, pero… ¿por qué no lo has intentado? Igual necesitas hacerlo a propósito, de forma menos natural.

-¿Forzar la maquinaria?

-Diría más bien que es hacerlo sin tener que esperar a que se te ocurra mágicamente.

Asintió. Callaron unos segundos mientras, distraídamente, seguían vaciando lentamente las tazas en sus manos y se fijaban muy levemente en una música que no conocían de nada en absoluto. Esa pequeña fracción de sus cerebros que pensaba por su cuenta optó por cavilar sobre qué significaba prestar atención a una canción que no habían escuchado jamás antes: ella probó a relacionar esas notas desconocidas con todo aquello que ya conocía, como si simplemente fuese una pequeña parte de un mismo esquema sonoro, y esas canciones desconocidas fuesen el verso que nunca consigues descifrar del todo cuando escuchas; él partía su mente en partes finas como plumas para atender a los instrumentos y sus infinitos matices, analizando la técnica y la procedencia de todos esos elementos, como si intentara comprender una conversación en un idioma desconocido solamente por las inflexiones de la voz y la emotividad de los hablantes. Era, hasta cierto punto, razonable.

Su línea de pensamiento se descolgó por unas piernas imaginarias y decidió, venga, por qué no, posarse en el suelo de nuevo. Levantó la vista otra vez y se fijó en que tenía las gafas sucias.

-¿A ti también -empezó casi entre dientes mientras se quitaba las gafas y buscaba un pañuelo en sus bolsillos traseros-… te ha ocurrido algo parecido alguna vez? –echó vaho en los cristales y frotó con el pañuelo recién rescatado de su bolsillo izquierdo mientras fijaba su mirada neblinosa de miope en la cara de ella. Era inconsciente, aquello de esforzarse más en atender cuando tenía sus sentidos limitados en momentos como aquel.

A ella le pilló la pregunta con la taza en la boca.

-Mmm –tragó y bajó la taza-. Sí, no me parece nada tan raro. En realidad, no creo que ni siquiera a ti te abrume tanto.

-Ah, no, tampoco me mata. Pero bueno, me molesta, no sé… Me gusta mucho Valladolid, me gusta conocerla bien, y se me daba bien perderme por ella, pero no sé qué clase de… facultad he perdido –rió.

Ella sonrió a su vez.

-Creo que necesitas creerte un poco menos seguro.

-¿Cómo dices?

-Necesitas… a ver cómo me explico. Creo que ahora mismo necesitas dejar de pensar siquiera en que estás confiado, dejar eso a un lado. Sólo… olvídate, y… espera a que la aventura llame a tu puerta.

Rió. Suavemente, pero rió de verdad.

-Me gusta la idea. ¿Así que crees de verdad que será así de sencillo?

Mecadena vació la taza y se levantó de la silla.

-Mateo, nunca ha sido complicado. Simplemente, déjalo suceder.


Salió de escena.

domingo, 29 de enero de 2017

Paria

Yo advierto:
Mayakovski se sacará la bala del cráneo
y partirá la posverdad
de un solo bocado.
Atomizado su arte
en cada molécula de Revolución,
mece al reloj en su seno,
lo duerme,
y ahora que yace tranquilo se asoma
al mirador del siglo XXI.

Las calles son ahora
espejos de cemento para las dudas,
de muda impotencia
y a la vez
de absoluta inoperancia.
La vida manca
para coger un rifle,
pero siempre dispuesta
a la masturbación ideológica.

Ahora que Dios ha muerto,
el evangelio de Jot Down
es palabra de Soros,
y cada vez que el pretendido literato
profiere con pueril autoridad,
acude a mi mente el nombre de Míjail Kaláshnikov,
o por lo ruso
o por la pólvora.

Me levanto de mi poltrona
porque levanto el puño
cerrado en torno a los textos de razón y ciencia
que habrán
de echar
abajo el capital.
Comienza la batida atronadora
que sí conoce creación:
la de un futuro justo,
de opresores picando piedra
y oprimidos luchando
espalda
contra espalda.

Preguntaba iracundo el poeta
que apresaron por apelar a la verdad
en la edad del garrote vil:
"¿Por qué no lleváis dispuesta contra toda villanía
una hoz de rebeldía y un martillo de protesta?"
Ahora,
pesa la lluvia de improperios sobre mis hombros,
y proclamo
que el derecho a la verdad
no es para la pluma mejor pagada;
decido
que no habrá vida bajo los principios
de individuos corrompidos,
con carteras mayores que un Yemen asolado
y con almas tan exiguas como el espíritu de Kissinger;
insisto
en que hay quien no merece hablar,
por muy culto que se diga,
de injusticias que defiende bajo mano,
y no hay
ni ha habido
ni habrá
derecho alguno que legitime al agresor de masas,
que sale de cacería
contra quienes son diferentes.

A todos los parias de la tierra
les ruego
que suelten el periódico
manchado de tintas engañosas,
y caminen al unísono
contra todo lo peor.

A todos los parias de la tierra,
que sepan
que jamás faltará valor para luchar por ellos
contra toda la opresión.
Que no habrá un palmo de tierra
donde aquellos infames que acosan,
que maltratan,
que denigran y que excluyen,
que explotan y se lucran,
que levantan el brazo derecho frente a sus ídolos caídos,
encuentren
jamás
la paz.

viernes, 13 de enero de 2017

Retrospectiva

Muy buenas noches de fuego ardiente apagado,
de velas consumidas
desde el pasado invierno.

Cómo nos cambió la vida entre esas sillas apretadas,
qué fácil resultaba todo
aunque a veces el corazón
sufriese más que la cabeza.

Llamarlo "sencillo"
sería
llamarse a engaño,
porque puedo proclamarme inestable
si pienso en un viejo yo
mucho más tierno,
más blando,
con menos de mí y más del resto.

Para pájaro, el maestro que insistió en aconsejarme
que, ante todo, intentara volar.
En otro tiempo,
y ahora,
estoy marcado por las tintas de otros.

Mi cuaderno ya no es mío
y es Antiguo Testamento de perversas liturgias
caídas en el olvido de la vanguardia,
los acoples
y el polvo de viejos deseos.

Desde una terraza ignota
vi una noche como no conocía hasta entonces;
a mí vinieron canciones lejanas
que ya no puedo separar

de esa luz,
de aquellas voces,
de guitarras españolas
y enigmas de peces muertos.

Ser espejo del propio pasado
es privilegio del papel;
por mi parte, espero
que en mí
sólo quede carne.

sábado, 7 de enero de 2017

sin título (2017)

Este es el camino hacia la fría luz de gas.
Aquí están los pasos,
las pistas de cómo caminar
que encontramos en la niebla
si se dejan.

Besé tus labios manchados de espuma
y la cerveza negra
de nombre impronunciable
se hizo señal ilegítima
de ventanas llenas de vida,
de amigos hechos de ceniza,
de luces huecas
y hielos regalados.

Pensamos que pensamos
y con fe ciega
somos desfile bajo las farolas.

Y qué bonita la luna,
qué cerradas las puertas
qué complicado respirar invadido por la risa.
Qué raro hablar de mí
y de Dios,
del amor...

qué raro hablar despacio.

sin título (2017)

Este es el camino hacia la fría luz de gas.
Aquí están los pasos,
las pistas de cómo caminar
que encontramos en la niebla
si se dejan.

Besé tus labios manchados de espuma
y la cerveza negra
de nombre impronunciable
se hizo señal ilegítima
de ventanas llenas de vida,
de amigos hechos de ceniza,
de luces huecas
y hielos regalados.

Pensamos que pensamos
y con fe ciega
somos desfile bajo las farolas.

Y qué bonita la luna,
qué cerradas las puertas
qué complicado respirar invadido por la risa.
Qué raro hablar de mí
y de Dios,
del amor...

qué raro hablar despacio.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Yo sólo quería llevar una vida tranquila - Vomita Laika: Agravio

Dedicado a Trolaso D. Mierda

Óiganme
ahora que me han dejado
subir a la tarima
y podría hasta decirse
que me prestan atención:

¿acaso una persona
no tiene derecho
a sacar a pasear la guadaña
cuando asoman las malas hierbas
de la idiocia y la estulticia?

Hablo de aquellos parias de la palabra,
que sin el menor miramiento
¡se atreven!
a decirse librepensantes
e irreverentes
contra la tiranía de la exageración
y de lo correcto.

Hablo de si
realmente
hace tantísima falta
dejar hablar hasta a los más tarugos
sólo para cerciorarnos
de que tiene que haber de todo en la viña del Señor,

de si no bastaría,
digo yo,
con oír hablar al primero
y una vez hechas las cuentas
calcular
cuándo va dar el derrape mortal
y a estrellarse contra la mediana de temido nombre:

“argumentación”

Oh, los tambores de lo emocionante
resuenan
cuando vemos en lontananza
la enésima proclamación vacía,
la misma salida de tiesto,
de aquel que se dice libre
de los barrotes moralistas.

Algunos ya apostamos:
“¡Por allí resopla un “VETE A CUBA”!
¡Trae arpón y amarra,
que esta noche te prometo
que cenaremos carne de imbécil
y beberemos
lágrimas posmodernistas!”

Y cuando uno se asoma al Abismo,
llega la susodicha oquedad
y devuelve la mirada
de diez mil forococheros
que declaman “malditas feministas”,
que entonan “algo habrá hecho”,
que tienen los santos cojones
de ofenderse a pesar de todo
y plantarse
con un escudo legendario
al que los antiguos llamaban
“Respeta Mi Opinión”.

Cuando uno se asoma al Abismo,
el Abismo le devuelve la mirada,
y con los ojos entrecerrados
y el corazón bombeando bilis
ya no quedan ganas
de hacer
nada calmado.

Es entonces
cuando toca convertirse por propia cuenta
y sobre todo riesgo
en aplicado segador de tontos,
por muy diversos motivos:

por la tranquilidad general,
por la salud pública,
por pura acumulación de desidia,
por obligación autoimpuesta,
por dar un empujoncito a la selección natural,
por tontos del culo,
y por favor.

Si les digo la verdad,
aunque ya no rezo a un dios,
algo sí suelo rogar
al vacío
en mis noches más oscuras:


“Ojalá un meteorito con forma de puño”.

martes, 4 de octubre de 2016

Poema de autobús de vuelta a oscuras

No sabía que Salamanca tuviera esta luz de despedida.

Me la brindó mientras viajaba de vuelta
hacia la noche
envuelto en viejas canciones
que ahora toman nuevos sentidos.

Y mientras tanto
sabía que una parte de mí te esperaría
cuando volvieses
a bañarte con las luces fluorescentes,
a bailar con tus ratas
con tu particular Mezcla Alucinante.

Me encontrarías en tus baquetas,
que ahora
me miran como a un igual

en tus sábanas revueltas,
que conocen nuestra risa y nuestros gemidos,
nuestras caricias
y nuestras palabras banales.

Sobre todo
nos recordaría a nosotros
tal como fuimos
durante unos días irrepetibles.

martes, 27 de septiembre de 2016

In medias res

Me reconforta saber
que me he perdido en cada una de tus curvas,
y que ahora las encuentro
y las conozco
solo con la guía de tus labios
en los míos.

Vivo tranquilo cuando tengo la cabeza encajada
en el arco de tu cuello con tu hombro,
y en el paisaje encrucijado de tu nuca
mis dedos
se arrepienten
de no haberse dejado llevar más por ahí.

Tu respiración y la mía,
cada una a un ritmo,
y sin embargo armonizadas.
Mientras tanto
se pinta una estrella
en el cielo oscuro de tus ojos,
y me sirve de norte y soporte
cuando sé que es allí
donde quiero ir.

Tu voz de calma,
tus silencios de pausa,
tu piel de destellos de mármol blando
sirven como mapa suficiente
a mis lujurias
y a mis dulzuras,
para tus jadeos
y tus sonrisas de carmín de granza.

En ningún otro lugar que en tu abrazo
me siento mejor que en casa.

sábado, 13 de agosto de 2016

Cadáver 1/8/2016

Soy expresión de acero y vértigo de tus lunas,
mareaba la perdiz para que no me la comiera.
Iniciad bombardeo de artillería a mi señal,
¿y quién no está perdido con semejante berenjenal?
Habíamos decidido qué revivir, qué asociar, cuando
éramos tú y yo, y eso que ni tan mal.
Goya se levantó deprimido, pero la sonrisa de su perro le calentó el corazón.
Décimo círculo del infierno: pimientos
eso habría sido, pero esperpéntico calor de marabunta
te dejaría, pero aún no te has enamorado de mí.
¡Alfonso, mi cerveza!,
porque sí.
He decidido no ser ansia y partirme como un perro de porcelana,
dijo ella. Vaya zorrona, pensé yo.
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía habría de recordar aquella tarde de verano...
Ahora, léelo de arriba abajo. Cambio y corto.

miércoles, 29 de junio de 2016

sin título 5

Maldigo a este sol
que quitó el rojo del cielo,
que desgarró la noche con la mirada
y tradujo tu azul en silencio.

Los relojes del sótano no se mueven
si no los mira nadie,
y en ese instante de responsabilidad perdida
te propongo hacer música
en metal y madera,
en carne,
sudor
y voz.

Me gustaría saber qué cuadros
puedo pintar contigo;
dentro o fuera,
en tinta o silencio de papel
te puedo hacer efigie efímera
si no tememos
despejar las nubes de tormenta
y ser nosotros
los que atronemos.

domingo, 29 de mayo de 2016

sin título 4 (you mesmerizer)

Quizás tenga el corazón a prueba de balas,
pero no de pruebas.
Cedo mis manos a la ciencia del placer,
del escucharte sonreir susurrando
o dejar que lances un suspiro entre dientes.

Para cuándo mis dedos a tus órdenes,
sobre las cuerdas o alrededor
de una cerveza que me ofreces,
en tu cuello o acariciando tu lengua.
Quiero recorrer esa flor de humedad
después de dejarla hablar una semana,
de aprender de tus palabras,
mientras me desafío a averiguar
qué pensarás al siguiente paso.

Y siempre coincidiendo.

Aunque no sé
si tus palabras saben a café
o huelen a amoniaco.

Quiero tocar Spider Dance en tus costillas,
hacer relucir esa sonrisa
mientras cantas libre y sin vergüenza.
Y desnudarte
sería cualquier cosa
menos un acto vacío;
prometo bucear en tus pupilas
mientras nos partimos en dos tan dulcemente.

De verdad que ya dejo el rollo indie,
pero no sueltes la guitarra;
solo soltémonos nosotros.
Te prometo que habrá más café con hielo,
que seguiré cerrando los ojos
para oirte poner música a la tormenta.

Buscar una explicación
mientras no callamos en tres horas.

lunes, 23 de mayo de 2016

Espacios nocturnos

Podría ser cualquier otra hora menos la que marcaba el reloj casi escondido en la esquina de las paredes amarillas. La luz macilenta se desbordaba fuera de las paredes, fuera de las ventanas, sobre la acera. El cemento bañado en aquella luz mortecina llevaba horas sin soportar un solo paso, porque los clientes del bar no tenían más razón para estar allí esa noche que estar allí, y no fuera; no les quedaba valor. Era sólo otra de las noches de apatía de una década a la que la historia sumiría en el polvo, de un barrio, de una calle que jamás nadie recordaría. Sólo estaban acodados en la barra porque esperaban que una de aquellas horas de tiniebla los arrastrara por fin en lugar de apagar su desgracia durante unos instantes.

jueves, 19 de mayo de 2016

Estupidez volcánica

Me he dejado media vida fuera;
algún capullo ha ido por ahí diciendo
que cuido demasiado de las flores y las bestias,
que sonrío en vez de herir.
Las hay
que buscan un imbécil que no condecore sus propios méritos,
algún alma prescindible que canjear por sexo vacío,
y cuando encuentran a alguien que contesta,
se asustan.

Yo continúo estremecido
y confirmo
que es mejor no buscar tanto en el cielo,
porque en Valladolid no se ven estrellas;
en vez de eso
yo me acojo
a los ladrillos de paredes conocidas,
de muros en los que apoyarme
para desprenderme del dolor y empapar con él su polvo,
o para tomar aliento
y buscar refugio.

Soy el peor de los pecadores;
mi delito es sucumbir a los otros
en lugar de mirar por mí.
Qué sencillo sería
si las noches de abatida las levantara
coronado en mi libido por mis dedos hábiles,
mi lengua audaz,
y lo que se desate después sobre las sábanas.
Creo que mi mayor temor
es desnudarme como hago ahora
y que no signifique nada.

A ver cómo me deja la noche la calle,
porque la sed me araña la garganta,
y hay tantas bocas de las que beber
que sé que no puedo fiarme de todas.

martes, 3 de mayo de 2016

Sunbleached

También son reinas tus piernas
de las puntas de mis dedos,
pistas para alzar mi lengua
y en tu piel desterrar miedos.

Nadie por las calles

"Me gustaría saber
si esta ciudad tiene más luz",
y los que te cantaban sin saberlo,
como yo,
no te esperaban.

Imaginaba con tu rostro
de pluma negra y luna recién levantadas
que tus labios sonreirían
tras vaciar mi cafetera.

En mi propio amanecer
te soñé con otro nombre y gesto,
pero cómo acerté en pintarte
desde tu pupila descendente,
puente a tus miradas grandes,
tus tragos lentos,
el sol blanco de tu piel desnuda.

Y espero que en mi desastre
pongas estrellas al desasosiego
y amaneceres hasta que sobren;
hace mucho que deseo preguntarme
"¿de dónde sale esa luz?",
y fijarme en tus ojos.

lunes, 25 de abril de 2016

sin título 3

Jamás te quedas a medias en tus miradas
porque te gusta ser profunda.
Siempre que sonríes
tengo la sensación
de que haces fuerza desnuda,
como de piel
contra piel,
y eres capaz de derribarme
simplemente con ser blanda.

Soy capaz de distinguir en la penumbra
el dilatarse brillante
de tus pupilas dispares,
y sumirme hipnotizado
es tan sencillo
como apreciar los cambios de presión
con un movimiento
de mis huellas dactilares.

Alguna vez
me dejaré reflejar
en el espejo suave de tu vientre,
víctima de tus luces y caricias,
y me harás
arquitecto
de tus curvas.

Sólo por sonreirme así,
desnudos en un valle de lenguas,
hagámonos temblar.

miércoles, 20 de abril de 2016

Posesión de primavera

Llevo toda la noche imaginando una escena
que el anochecer no arrastre consigo,
que no olvide
ni abandone bajo la lluvia tibia de abril.

Estoy esperando,
actuando despacio,
tomando posesión de este rincón del bar.
Se presagia,
se advierte,
y disfrutamos sonriendo en silencio
del blando baile de miradas e indirectas.

Será la época
que el deseo difumina,
la ambivalencia de los árboles
agitando sus manos de colores,
el hecho de que las camas
se sienten frías
y no tienen por qué estarlo.

sábado, 16 de abril de 2016

Anomalomancias

Anomalomancia #1

Cuánto hace
y suenas a metal limpio,
a desgracia
y a impactos.

Y no sueñas
por respeto indefectible
al muro de rarezas
                            separación
y no marcharse.

Anomalomancia #2

si a partir del hundirse
en lo profundo
es tu carne mi crujido entre los dientes,

y el abismo,
sólo dos:
mordisco y metal

el apresar se hunde,
el desvestir se arroja
y el hálito maldice aquel recuerdo

y el abismo
sólo tres:
el morir, el vivir, y el esperar

cómo si no concebir
vicio y desgarro
como artes encontradas al alba

y el desvelo
sólo diez:
siete días desangrado y tres de adiós

al humo mi perfidia,
a la noche el muro
en el que escondes lo que odias al callar

y el ruido blanco,
sólo mil,
pero ninguno yo.

Anomalomancia #3

Amarillo de escarnio y traición,
tiñendo el asfalto
el día en que mueren los infames.

Como una vegetación bizarra,
se desgarran sus raíces del papel de la Historia,

y, parásitos, desmenuzan
hoy y mañana
las palabras tergiversadas
de los últimos luchadores en pie.

Desvertebrados nunca;
mientras ellos hacen inventario
de inocentes silenciados,
yo lo hago de cabezas desgraciadas.