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jueves, 19 de mayo de 2016

Estupidez volcánica

Me he dejado media vida fuera;
algún capullo ha ido por ahí diciendo
que cuido demasiado de las flores y las bestias,
que sonrío en vez de herir.
Las hay
que buscan un imbécil que no condecore sus propios méritos,
algún alma prescindible que canjear por sexo vacío,
y cuando encuentran a alguien que contesta,
se asustan.

Yo continúo estremecido
y confirmo
que es mejor no buscar tanto en el cielo,
porque en Valladolid no se ven estrellas;
en vez de eso
yo me acojo
a los ladrillos de paredes conocidas,
de muros en los que apoyarme
para desprenderme del dolor y empapar con él su polvo,
o para tomar aliento
y buscar refugio.

Soy el peor de los pecadores;
mi delito es sucumbir a los otros
en lugar de mirar por mí.
Qué sencillo sería
si las noches de abatida las levantara
coronado en mi libido por mis dedos hábiles,
mi lengua audaz,
y lo que se desate después sobre las sábanas.
Creo que mi mayor temor
es desnudarme como hago ahora
y que no signifique nada.

A ver cómo me deja la noche la calle,
porque la sed me araña la garganta,
y hay tantas bocas de las que beber
que sé que no puedo fiarme de todas.

miércoles, 6 de abril de 2016

Ensayo sobre la épica

Tal vez no haya dias mejores para morir
que este que nos brinda el cielo
con gesto huraño,
pues no quiere en nuestro rostro un sol
que rivalice con el suyo.

Ese sol,
torcido o pleno,
es sonreir como quien enarbola una lanza.
¡Lanzadla al pecho de la desidia,
y que los días grises os llenen el corazón
como las noches de verano!
¡Como si el cielo se voltease
y el astro que escondiesen las nubes
fuésemos nosotros!

Tal vez no haya en la vida
días mejores para morir que este,
y si toca, ¡bailemos por última vez!
En mi funeral
quiero a toda la gente viva,
que con un muerto hay bastante.
Bebed a mi salud,
y si lloráis,
que sea porque os dejé un buen recuerdo,
y desearíais que fuese más largo.

Al diablo esa pereza destructora,
haced de cada día un palacio,
de cada paso un arte,
de cada beso una despedida alegre,
de cada gemido una nueva estrella
en el cielo azul oscuro de las vidas trabajadas.

El día mejor para partir
no es ningun otro
que aquel en el que hayamos terminado todo.
Por eso hay que tener siempre
la pluma afilada,
la espada envainada al punto,
la elegancia abotonada en torno
y la sonrisa cruzada y brillante,
como un sol.