jueves, 10 de diciembre de 2015

sin título

en la cabeza
roto
deshecho en el desahucio
emotivo
caído en la dulce desgracia
de esperar

atenazado en lento
de nieblas
de vientos parados
entre tu pelo
de farola derramada

y mis dedos
tienen más miedo
de tocarte a ti
que de desgranar
el marfil
de un piano

pero respiras
detrás del oro y la espuma
despacio
y cálida despiertas
mirando
desde tus ojos de bosque

y yo quiero
que despiertes
sostenida
como un verso entre
tus labios
tus manos
tus párpados

como miradas
perdidas entre instantes
temerosas
suspendidas en deleite
de tu voz tranquila

en estos
domingos dolorosos
sueño
con quedar dormido
al pie
de tu efigie
colgado de tu arte

no caigo
espero
respiro
no en vano

te admiro
PerVersos - 10/12/2015

martes, 8 de diciembre de 2015

El roto Mirosevich

Y sólo él.
Sólo este cielo
inabarcable
sobre nuestras cabezas,
nuestras vidas
nuestros extraños
recuerdos
en cada acera.

Roto él,
sólo él.
Roto
como el contacto
con esos ojos,
ese pelo oscuro.

Roto, pero entero
porque no lo he
vuelto
a ver;

creo que aquí
hace más frío que en su casa.
Al menos,
aquí la niebla
viene cargada
de dolores centenarios
(según los días vividos).

Luego
la lluvia sobre el suelo,
disipando
abriendo el cielo
poco a poco
devolviendo el sol
a los ojos
de los charcos.

sábado, 5 de diciembre de 2015

ADDING DATA

I’m the leader
of the TVs,
adding data
to your needings.

Hating people,
hating mirrors,
mirror scratching,
breaking scissors.

Like a phoenix,
breathing Kleenex,
tasty cleavage,
resting sleepless.

In a bottle,
drowning trouble,
indeed, beating
all the feelings.

And again not
just a copy,
but a junkie,
of the hopeless.

In the thunders
of its own gray
there is no way,
no more murders.

Glory of sadness,
crying lightnings,
adding data
for your madness.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Calle fría y extraña nº 10

Ahora que estoy perdido en mi propia casa
puedo afirmar
sin miedo a estar en lo cierto:

que me falta oxígeno
como el que emite
una boca ajena
-nunca se me dieron bien las ciencias,
pero ella era más que una persona

que me da miedo entrar
por una puerta extraña
aunque esté abierta;
necesitaba escaparme,
pero la cobardía conoce mis pasos
mejor que yo

que he optado por escapar,
pero no tengo dónde
y ahora vago apátrida
en la ribera

ojalá estuvieras en esa ventana,
porque así podría subir hasta tu casa
-sigo sin saber bien dónde vives-
y lloraríamos juntos.

Tengo las manos heladas
no hay luz
esto no es poesía;
sólo un dolor sordo
que parecía mitigado
y sólo espera
que llegue por fin lo que
creo
que me espera.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Esquina (Núñez de Arce con Alonso Pesquera)

-Una vez me lancé por esa ventana.
-¿La de esa casa?
-Sí.
-¿Pero cuál, la de arriba?
-La del tejado.
-Ni de broma. Estarías muerta.
-Bueno, aquí estoy. ¿No me ves?
-Bueno, pues eso: si te hubieras tirado desde ahí como mínimo te habrías roto algo...
-No me has entendido. He dicho que me lancé por esa ventana. No desde ella.
-¿Te lanzaste... a dónde, exactamente?
-Hacia dentro, claro.
-Y... ¿por qué?
-Había algo ahí dentro que creía que era de mi pasado. Pero no llegue a comprobarlo.
-¿Cómo? ¿No te habías...?
-Sí, claro. Pero desde el suelo no llego. Pensaré algo mejor la próxima vez.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

¡Lumen!

“¡Lumen!”, dijo Cerumen. ¡Y chocapic!
¡Mágico! ¡Mágico adalid de la Rekka! No nació ni para cabalgar ni para cortar dragones con espada, sólo para andar y andar rastrillando los caminos que en otra ocasión llevarían a héroes de perverso coraje. Nada más que aquello podía entenderse como un calabozo de cajas verdes, pero Cerumen espirmó los indulgentes fragmentos de bombas de chocolate y agalquieron como fíbulas descargadas.
Old Tronak lo vio por los caminos y en su corcel cargó con su cuerpo agotado por la magia y el Egerjérito místico del chocapic azucarado. Un corcel morfosintáctico, dicho sea de paso, agarrotado por las reglas de la lengua. La coraza de Tronak era densa como una clase de anacolutos normativos a horas frías e intempestivas, y el corcel, siendo morfosintáctico como era, comprendía que todos los prefijos se hacían a aquella imagen obtusa y, aunque los comprendía, le pesaban en los párpados. Su cara de hastío en estos conceptos era bastante evidente incluso tratándose de un caballo.
Y Tronak clamó en voz baja, puesto que a su acompañante maltrecho le dolían incluso las palabras a ciertos decibelios:
-Pardiez, mi buen hermano, si sois capaz de espirmar el elemento átono, ¿por qué no hacéis lo propio con las buenas calzantes de chocapic de mastía? Seríais sin duda reconocido muy pronto como el Sirme Sinduda de toda la Comarca Alquitranada.
El maltrecho y descargado Cerumen se pronunció con dificultad:
-Señor caballero de…
-Corcelero, hermano, corcelero.
-Señor corcelero de comarca, el reenvío de las mágicas fibras del Egerjérito no se realiza tan a menudo como en la Rekka nos gustaría. Para seros sincero, el agalquimiento se nos complica cada muhelseseWEHE!
-¡Señor mío, ¿qué os sucede?!
-Discúlpeme, corcelero. La mística tiene sus complicaciones neuronales a niveles bastante preocupantesWÉPALE! Perdón, creo que ya está. Como le decía, el agalquimiento cada vez se vuelve más tortuoso y pesado. Una repartía lógica precisaría doce terruños de, si estoy en lo correcto, tierra de las Áridas color azul tortilla.
-¿Azul tortilla? ¡Pardiez, mi buen señor, habrase visto tal color en nuestras tierras!
-No, señor mío, por supuesto –rió Cerumen-. Para ello habría que espirmar como un poseso, y no habiendo cajas verdes se podría producir una quiebra irreversible del espaciotiempo. Eso no es problema porque aquí las cajas verdes yacen en calabozos pagando sus crímenes con la Comarca, ¿no es así?
-No, sior. Emigraron a su universo. Fueron liberadas cuando las autoridades del Gruego coincidieron en que… bueno, son cajas. Verdes, pero cajas.
-De modo que ya no están aquí…
-Me temo que no, caballero Cerumen. Pero vos no habéis espirmado cual poseso, ¿verdad?

-Bueno, si os soy sincer-

lunes, 9 de noviembre de 2015

El espectro, el deber

Una noche que no va bien,
cargada de culpa,
de desagrado,
de cuerdas rotas.

Diría -no lo tengo claro-
que todo es cosa
                            de que ser yo
no es sino el más normal
de todos mis problemas,
                             pero es que además
                                                             es el primero.

Pues otra vez a caer un poquito,
y ¿sabes qué?-

tú no vas a caer detrás.

Por la sencilla razón de que no estás.

Puedo encabritarme, invocar
señales errantes entre mis cuerdas rugientes
maldecir,
romper más cosas
-pronto esta casa será una ruina dos veces-
                          pero eso no quitará para que pierda
pensando en qué tendrá esa sonrisa
tan rara
ese cuerpo blando
esos dedos entre mi pelo

El caso es que quizá,
-y no debería, pero dudo-
podría darse la circunstancia a favor.

                         pero dudo

porque cuento a día de hoy demasiado bien
las cervezas
las sonrisas
las caricias
los chistes
los momentos de chica adorable

los errores
las suertes absurdas
las miradas
las palabras a voces al oído en un concierto
las manos
                en tu cintura
                                     y en la mía

Las dos holgazanas, cielo.
Las dos muy cómodas.
No me engañes. Piénsalo.