sábado, 25 de febrero de 2017

Pizza con piña

-Pizza con piña, ¿por qué pizza con piña?
-¿Pero qué problema tienes con la piña, vamos a ver?
-Porque la pizza está bien ella sola, no hace falta ponerle… cosas, así a lo loco.
-Pues nada, tú me dejas a mí la piña que me la como yo.
-Venga, va…

-“Piña”. ¿No es como rarísimo? “Piña”. Está ahí, llena de pinchos y… con esas hojas ahí arriba. ¿Qué les pasa a las piñas?
-Seguro que son posmodernas, TODO es posmoderno, Mateo, TODO.
-Putas piñas posmodernas. Seguro que Nietzsche dijo algo de las piñas y todo el mundo lo interpretó como les salió del papo. Ay, ¿cómo se llamaba… el tipo de… La insoportable levedad del ser?
-Milan Kundera, ¡ese tipo sí que es un posmoderno! Pero MUCHO.
-No sé a santo de qué lo he preguntado, la verdad… pero bueno.

-Me gustan estos silencios. Es como si… dejasen atrás un tema para dar paso a otro. Da como distancia.
-Distaaaancia… eso está bien. Hace falta.
-Además puedo pensar en… cosas, no sé. Por ejemplo, me encanta lo naranja que es todo aquí, sobre todo por la comida y la madera y tal. Me relaja.
-Es como todo muy cálido y muy lindo…
-Y me distrae de pensar en piñas.
-¡Pero qué-te pasa-con las piñas!
-¡Pero no me ataques, pava! No sé, que… la pizza con piña es como el arroz con cosas.
-No digamos cosas de las que luego nos arrepintamos, ¿eh? Ahí te has pasado.
-Vale, sí, me he pasao un poco. Pero… ¿por qué piña? ¿En serio?
-Pues porque

martes, 21 de febrero de 2017

Pasos perdidos

-¿Sabes una cosa?

-¿Qué?

Dejó la taza de café sobre la mesa con un vago gesto de cansancio, apenas perceptible.

-Creo que he olvidado cómo perderme.

La sorpresa apareció en dos trazos fina y curva sobre los rasgos apacibles del rostro de ella. Dio un sorbo de café a su vez y respondió con la calma de quien esperaría una pregunta así como una pregunta cualquiera.

-¿A qué te refieres?

-Pues a que todo en esta ciudad me sabe igual cuando me dejo llevar. Ya no me encuentro con calles que no hubiese pisado antes una y otra vez, ya… no me llevo sorpresas –alzó el café hacia los labios y bebió mientras inspiraba por la nariz-. No sé si me explico –suspiró.

-Creo que… a pesar de que lo haces inconscientemente, sigues yendo por los mismos sitios aunque quieras variar. A lo mejor es como si los hubieses dado por perdidos, o poco interesantes. Quizás, simplemente, no querías salirte mucho de la zona de confort.

Bufó.

-Hace mucho que no me muevo de mi zona de confort, pero es que no lo intento.

-¿Entonces? –rió ella, no con sorna exactamente, pero…

-Bueno, igual no es algo que decida yo. No sé si quieres entenderme.

-Sí, sí, perdona. Entiendo lo que dices, pero… ¿por qué no lo has intentado? Igual necesitas hacerlo a propósito, de forma menos natural.

-¿Forzar la maquinaria?

-Diría más bien que es hacerlo sin tener que esperar a que se te ocurra mágicamente.

Asintió. Callaron unos segundos mientras, distraídamente, seguían vaciando lentamente las tazas en sus manos y se fijaban muy levemente en una música que no conocían de nada en absoluto. Esa pequeña fracción de sus cerebros que pensaba por su cuenta optó por cavilar sobre qué significaba prestar atención a una canción que no habían escuchado jamás antes: ella probó a relacionar esas notas desconocidas con todo aquello que ya conocía, como si simplemente fuese una pequeña parte de un mismo esquema sonoro, y esas canciones desconocidas fuesen el verso que nunca consigues descifrar del todo cuando escuchas; él partía su mente en partes finas como plumas para atender a los instrumentos y sus infinitos matices, analizando la técnica y la procedencia de todos esos elementos, como si intentara comprender una conversación en un idioma desconocido solamente por las inflexiones de la voz y la emotividad de los hablantes. Era, hasta cierto punto, razonable.

Su línea de pensamiento se descolgó por unas piernas imaginarias y decidió, venga, por qué no, posarse en el suelo de nuevo. Levantó la vista otra vez y se fijó en que tenía las gafas sucias.

-¿A ti también -empezó casi entre dientes mientras se quitaba las gafas y buscaba un pañuelo en sus bolsillos traseros-… te ha ocurrido algo parecido alguna vez? –echó vaho en los cristales y frotó con el pañuelo recién rescatado de su bolsillo izquierdo mientras fijaba su mirada neblinosa de miope en la cara de ella. Era inconsciente, aquello de esforzarse más en atender cuando tenía sus sentidos limitados en momentos como aquel.

A ella le pilló la pregunta con la taza en la boca.

-Mmm –tragó y bajó la taza-. Sí, no me parece nada tan raro. En realidad, no creo que ni siquiera a ti te abrume tanto.

-Ah, no, tampoco me mata. Pero bueno, me molesta, no sé… Me gusta mucho Valladolid, me gusta conocerla bien, y se me daba bien perderme por ella, pero no sé qué clase de… facultad he perdido –rió.

Ella sonrió a su vez.

-Creo que necesitas creerte un poco menos seguro.

-¿Cómo dices?

-Necesitas… a ver cómo me explico. Creo que ahora mismo necesitas dejar de pensar siquiera en que estás confiado, dejar eso a un lado. Sólo… olvídate, y… espera a que la aventura llame a tu puerta.

Rió. Suavemente, pero rió de verdad.

-Me gusta la idea. ¿Así que crees de verdad que será así de sencillo?

Mecadena vació la taza y se levantó de la silla.

-Mateo, nunca ha sido complicado. Simplemente, déjalo suceder.


Salió de escena.

domingo, 29 de enero de 2017

Paria

Yo advierto:
Mayakovski se sacará la bala del cráneo
y partirá la posverdad
de un solo bocado.
Atomizado su arte
en cada molécula de Revolución,
mece al reloj en su seno,
lo duerme,
y ahora que yace tranquilo se asoma
al mirador del siglo XXI.

Las calles son ahora
espejos de cemento para las dudas,
de muda impotencia
y a la vez
de absoluta inoperancia.
La vida manca
para coger un rifle,
pero siempre dispuesta
a la masturbación ideológica.

Ahora que Dios ha muerto,
el evangelio de Jot Down
es palabra de Soros,
y cada vez que el pretendido literato
profiere con pueril autoridad,
acude a mi mente el nombre de Míjail Kaláshnikov,
o por lo ruso
o por la pólvora.

Me levanto de mi poltrona
porque levanto el puño
cerrado en torno a los textos de razón y ciencia
que habrán
de echar
abajo el capital.
Comienza la batida atronadora
que sí conoce creación:
la de un futuro justo,
de opresores picando piedra
y oprimidos luchando
espalda
contra espalda.

Preguntaba iracundo el poeta
que apresaron por apelar a la verdad
en la edad del garrote vil:
"¿Por qué no lleváis dispuesta contra toda villanía
una hoz de rebeldía y un martillo de protesta?"
Ahora,
pesa la lluvia de improperios sobre mis hombros,
y proclamo
que el derecho a la verdad
no es para la pluma mejor pagada;
decido
que no habrá vida bajo los principios
de individuos corrompidos,
con carteras mayores que un Yemen asolado
y con almas tan exiguas como el espíritu de Kissinger;
insisto
en que hay quien no merece hablar,
por muy culto que se diga,
de injusticias que defiende bajo mano,
y no hay
ni ha habido
ni habrá
derecho alguno que legitime al agresor de masas,
que sale de cacería
contra quienes son diferentes.

A todos los parias de la tierra
les ruego
que suelten el periódico
manchado de tintas engañosas,
y caminen al unísono
contra todo lo peor.

A todos los parias de la tierra,
que sepan
que jamás faltará valor para luchar por ellos
contra toda la opresión.
Que no habrá un palmo de tierra
donde aquellos infames que acosan,
que maltratan,
que denigran y que excluyen,
que explotan y se lucran,
que levantan el brazo derecho frente a sus ídolos caídos,
encuentren
jamás
la paz.

viernes, 13 de enero de 2017

Retrospectiva

Muy buenas noches de fuego ardiente apagado,
de velas consumidas
desde el pasado invierno.

Cómo nos cambió la vida entre esas sillas apretadas,
qué fácil resultaba todo
aunque a veces el corazón
sufriese más que la cabeza.

Llamarlo "sencillo"
sería
llamarse a engaño,
porque puedo proclamarme inestable
si pienso en un viejo yo
mucho más tierno,
más blando,
con menos de mí y más del resto.

Para pájaro, el maestro que insistió en aconsejarme
que, ante todo, intentara volar.
En otro tiempo,
y ahora,
estoy marcado por las tintas de otros.

Mi cuaderno ya no es mío
y es Antiguo Testamento de perversas liturgias
caídas en el olvido de la vanguardia,
los acoples
y el polvo de viejos deseos.

Desde una terraza ignota
vi una noche como no conocía hasta entonces;
a mí vinieron canciones lejanas
que ya no puedo separar

de esa luz,
de aquellas voces,
de guitarras españolas
y enigmas de peces muertos.

Ser espejo del propio pasado
es privilegio del papel;
por mi parte, espero
que en mí
sólo quede carne.

sábado, 7 de enero de 2017

sin título (2017)

Este es el camino hacia la fría luz de gas.
Aquí están los pasos,
las pistas de cómo caminar
que encontramos en la niebla
si se dejan.

Besé tus labios manchados de espuma
y la cerveza negra
de nombre impronunciable
se hizo señal ilegítima
de ventanas llenas de vida,
de amigos hechos de ceniza,
de luces huecas
y hielos regalados.

Pensamos que pensamos
y con fe ciega
somos desfile bajo las farolas.

Y qué bonita la luna,
qué cerradas las puertas
qué complicado respirar invadido por la risa.
Qué raro hablar de mí
y de Dios,
del amor...

qué raro hablar despacio.

sin título (2017)

Este es el camino hacia la fría luz de gas.
Aquí están los pasos,
las pistas de cómo caminar
que encontramos en la niebla
si se dejan.

Besé tus labios manchados de espuma
y la cerveza negra
de nombre impronunciable
se hizo señal ilegítima
de ventanas llenas de vida,
de amigos hechos de ceniza,
de luces huecas
y hielos regalados.

Pensamos que pensamos
y con fe ciega
somos desfile bajo las farolas.

Y qué bonita la luna,
qué cerradas las puertas
qué complicado respirar invadido por la risa.
Qué raro hablar de mí
y de Dios,
del amor...

qué raro hablar despacio.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Yo sólo quería llevar una vida tranquila - Vomita Laika: Agravio

Dedicado a Trolaso D. Mierda

Óiganme
ahora que me han dejado
subir a la tarima
y podría hasta decirse
que me prestan atención:

¿acaso una persona
no tiene derecho
a sacar a pasear la guadaña
cuando asoman las malas hierbas
de la idiocia y la estulticia?

Hablo de aquellos parias de la palabra,
que sin el menor miramiento
¡se atreven!
a decirse librepensantes
e irreverentes
contra la tiranía de la exageración
y de lo correcto.

Hablo de si
realmente
hace tantísima falta
dejar hablar hasta a los más tarugos
sólo para cerciorarnos
de que tiene que haber de todo en la viña del Señor,

de si no bastaría,
digo yo,
con oír hablar al primero
y una vez hechas las cuentas
calcular
cuándo va dar el derrape mortal
y a estrellarse contra la mediana de temido nombre:

“argumentación”

Oh, los tambores de lo emocionante
resuenan
cuando vemos en lontananza
la enésima proclamación vacía,
la misma salida de tiesto,
de aquel que se dice libre
de los barrotes moralistas.

Algunos ya apostamos:
“¡Por allí resopla un “VETE A CUBA”!
¡Trae arpón y amarra,
que esta noche te prometo
que cenaremos carne de imbécil
y beberemos
lágrimas posmodernistas!”

Y cuando uno se asoma al Abismo,
llega la susodicha oquedad
y devuelve la mirada
de diez mil forococheros
que declaman “malditas feministas”,
que entonan “algo habrá hecho”,
que tienen los santos cojones
de ofenderse a pesar de todo
y plantarse
con un escudo legendario
al que los antiguos llamaban
“Respeta Mi Opinión”.

Cuando uno se asoma al Abismo,
el Abismo le devuelve la mirada,
y con los ojos entrecerrados
y el corazón bombeando bilis
ya no quedan ganas
de hacer
nada calmado.

Es entonces
cuando toca convertirse por propia cuenta
y sobre todo riesgo
en aplicado segador de tontos,
por muy diversos motivos:

por la tranquilidad general,
por la salud pública,
por pura acumulación de desidia,
por obligación autoimpuesta,
por dar un empujoncito a la selección natural,
por tontos del culo,
y por favor.

Si les digo la verdad,
aunque ya no rezo a un dios,
algo sí suelo rogar
al vacío
en mis noches más oscuras:


“Ojalá un meteorito con forma de puño”.