viernes, 13 de enero de 2017
Retrospectiva
de velas consumidas
desde el pasado invierno.
Cómo nos cambió la vida entre esas sillas apretadas,
qué fácil resultaba todo
aunque a veces el corazón
sufriese más que la cabeza.
Llamarlo "sencillo"
sería
llamarse a engaño,
porque puedo proclamarme inestable
si pienso en un viejo yo
mucho más tierno,
más blando,
con menos de mí y más del resto.
Para pájaro, el maestro que insistió en aconsejarme
que, ante todo, intentara volar.
En otro tiempo,
y ahora,
estoy marcado por las tintas de otros.
Mi cuaderno ya no es mío
y es Antiguo Testamento de perversas liturgias
caídas en el olvido de la vanguardia,
los acoples
y el polvo de viejos deseos.
Desde una terraza ignota
vi una noche como no conocía hasta entonces;
a mí vinieron canciones lejanas
que ya no puedo separar
de esa luz,
de aquellas voces,
de guitarras españolas
y enigmas de peces muertos.
Ser espejo del propio pasado
es privilegio del papel;
por mi parte, espero
que en mí
sólo quede carne.
sábado, 7 de enero de 2017
sin título (2017)
Este es el camino hacia la fría luz de gas.
Aquí están los pasos,
las pistas de cómo caminar
que encontramos en la niebla
si se dejan.
Besé tus labios manchados de espuma
y la cerveza negra
de nombre impronunciable
se hizo señal ilegítima
de ventanas llenas de vida,
de amigos hechos de ceniza,
de luces huecas
y hielos regalados.
Pensamos que pensamos
y con fe ciega
somos desfile bajo las farolas.
Y qué bonita la luna,
qué cerradas las puertas
qué complicado respirar invadido por la risa.
Qué raro hablar de mí
y de Dios,
del amor...
qué raro hablar despacio.
sin título (2017)
Este es el camino hacia la fría luz de gas.
Aquí están los pasos,
las pistas de cómo caminar
que encontramos en la niebla
si se dejan.
Besé tus labios manchados de espuma
y la cerveza negra
de nombre impronunciable
se hizo señal ilegítima
de ventanas llenas de vida,
de amigos hechos de ceniza,
de luces huecas
y hielos regalados.
Pensamos que pensamos
y con fe ciega
somos desfile bajo las farolas.
Y qué bonita la luna,
qué cerradas las puertas
qué complicado respirar invadido por la risa.
Qué raro hablar de mí
y de Dios,
del amor...
qué raro hablar despacio.
domingo, 4 de diciembre de 2016
Yo sólo quería llevar una vida tranquila - Vomita Laika: Agravio
martes, 4 de octubre de 2016
Poema de autobús de vuelta a oscuras
No sabía que Salamanca tuviera esta luz de despedida.
Me la brindó mientras viajaba de vuelta
hacia la noche
envuelto en viejas canciones
que ahora toman nuevos sentidos.
Y mientras tanto
sabía que una parte de mí te esperaría
cuando volvieses
a bañarte con las luces fluorescentes,
a bailar con tus ratas
con tu particular Mezcla Alucinante.
Me encontrarías en tus baquetas,
que ahora
me miran como a un igual
en tus sábanas revueltas,
que conocen nuestra risa y nuestros gemidos,
nuestras caricias
y nuestras palabras banales.
Sobre todo
nos recordaría a nosotros
tal como fuimos
durante unos días irrepetibles.
martes, 27 de septiembre de 2016
In medias res
Me reconforta saber
que me he perdido en cada una de tus curvas,
y que ahora las encuentro
y las conozco
solo con la guía de tus labios
en los míos.
Vivo tranquilo cuando tengo la cabeza encajada
en el arco de tu cuello con tu hombro,
y en el paisaje encrucijado de tu nuca
mis dedos
se arrepienten
de no haberse dejado llevar más por ahí.
Tu respiración y la mía,
cada una a un ritmo,
y sin embargo armonizadas.
Mientras tanto
se pinta una estrella
en el cielo oscuro de tus ojos,
y me sirve de norte y soporte
cuando sé que es allí
donde quiero ir.
Tu voz de calma,
tus silencios de pausa,
tu piel de destellos de mármol blando
sirven como mapa suficiente
a mis lujurias
y a mis dulzuras,
para tus jadeos
y tus sonrisas de carmín de granza.
En ningún otro lugar que en tu abrazo
me siento mejor que en casa.
sábado, 13 de agosto de 2016
Cadáver 1/8/2016
Soy expresión de acero y vértigo de tus lunas,
mareaba la perdiz para que no me la comiera.
Iniciad bombardeo de artillería a mi señal,
¿y quién no está perdido con semejante berenjenal?
Habíamos decidido qué revivir, qué asociar, cuando
éramos tú y yo, y eso que ni tan mal.
Goya se levantó deprimido, pero la sonrisa de su perro le calentó el corazón.
Décimo círculo del infierno: pimientos
eso habría sido, pero esperpéntico calor de marabunta
te dejaría, pero aún no te has enamorado de mí.
¡Alfonso, mi cerveza!,
porque sí.
He decidido no ser ansia y partirme como un perro de porcelana,
dijo ella. Vaya zorrona, pensé yo.
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía habría de recordar aquella tarde de verano...
Ahora, léelo de arriba abajo. Cambio y corto.